ORTOPEDIA EN NIÑOS.

La gran mayoría de maloclusiones de clase II y clase III están asociadas a alteraciones en los maxilares por lo que su tratamiento engloba cirugía, ortodoncia interceptiva u ortopedia funcional. Este último, aborda la patología desde el punto de vista músculo esquelético mediante el empleo de un aparato de uso de fuerzas extraorales o intraorales sobre la mandíbula o la articulación temporomandibular (ATM). Los cambios en los patrones faciales asociados a este tipo de aparatología son altamente notorios, pudiendo producir cambios esqueléticos importantes en la anatomía facial de la persona.

Por consiguiente, se corrigen las alteraciones del hueso maxilar y/ó de la mandíbula durante la etapa de crecimiento. Este tratamiento, a diferencia del movimiento de los dientes, que se consigue con un aparato de ortodoncia, solamente puede realizarse en la etapa de crecimiento. puesto que es el periodo de tiempo en el que los huesos son susceptibles a modificación. La aparatología a emplear puede ser fija o removible. En ambos casos, se producirá el redirigimiento de los maxilares haciendo uso de fuerzas que actúan sobre el componente neuromuscular. La mayoría de aparatos de clase II estimulan un avance mandibular, mientras que los de clase III producen un retroceso del mismo.

El abordaje de una misma maloclusión puede variar completamente. La decisión de emplear un aparato u otro dependerá de la severidad de la maloclusión, así como de la experiencia del profesional. Una de las estrategias para la corrección de una maloclusión, es la realización de la misma durante la etapa preadolescente (8-11 años) ya que el grado de adaptación de los tejidos craneofaciales del paciente, es mayor.

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